Atrás han quedado aquellas grandes superproducciones como "Lo que el viento se llevó" o "La vida es bella". Cuando acuño el término "superproducciones" no me refiero a largometrajes que tratan una historia banal cuyo objetivo es impactar al espectador con imágenes que lo sorprenden por el efecto especial, no por el mensaje que transmiten y donde la violencia, el sexo y la ingestión impulsiva de dulces forman parte intrínseca de ellas. Con eso no estoy tirando a la basura todo el esfuerzo de centenares de personas que se dejan la piel para producir este tipo de películas, al contrario, aplaudo su resultado. A lo que me refiero va más allá de la mera y sencilla crítica de un género que está de moda. Creo que la calidad cinematográfica está perdiendo hegemonía para dar paso a la era de los llamados "blockbusters". Películas que no suscitan ningún tipo de reflexión y se lanzan a la evasión mediante argumentos vacíos de contenido.
Creo que hay momentos para todo: a mi también me gusta ver la típica película americana que te saca un par de carcajadas, produce una sensación de escalofrío o te saca la "lagrimilla" fácil. No obstante, reivindico la falta de cine en mayúsculas. De cintas que dejen boquiabierto y saquen la curiosidad que llevo dentro para darle vueltas a la cabeza y reflexionar sobre el hecho que muestra o denuncia.
La exquisitez no existe sólo en la cocina. También existen grandes obras que deleitan nuestros sentidos y que están hechas para que no sean engullidas y digeridas al instante, sino que pretenden alimentar nuestros sentidos más selectos con buen gusto y calidad.
La elección es libre: pueden escoger un plato pre-cocinado cuya preparación no requiere un gran esfuerzo o gozar de un plato sugerente y elegante no por su aspecto, sino por su cuidada elaboración.
lunes, 26 de marzo de 2012
lunes, 12 de marzo de 2012
Después de unos días desde mi primera publicación, hoy me apetece escribir unas líneas hablando de una de las cosas que más me gustan: el cine. Para mí el cine es un puntal muy importante en mi vida. Me saca una sonrisa en momentos duros, consigue mostrarme la realidad a través de películas duras y reveladoras que relatan situaciones que invitan a la reflexión . También despiertan en mí el rechazo y un gran aplauso acompañado de lagrimas de emoción. Desde muy pequeño he vivido con las clásicas películas de Disney y, a escondidas, algunas que iban destinadas a mayores de edad. Mis padres han sido los responsables de mi pasión hacia el cine: los viernes mi madre me recogía en la escuela e íbamos a la biblioteca para escoger una película de dibujos animados. Cuando llegábamos a casa, la veíamos. Ella creo le hacía más feliz ver lo fascinado que me quedaba ante la pantalla que la simple consecución de imágenes de héroes y princesas. Por si fuera poco, cuando salíamos de la biblioteca nos íbamos al videoclub para que mi madre alquilara una película, esta vez lo que llamaban no apta para menores de 18 años, y la veía junto a mi padre después de cenar mientras yo me entretenía con mi hermana o, cuando ella creció y abandonó el nido, jugando. Los sábados era imprescindible otra dosis de buen cine, de manera que, después de un buen desayuno, mi padre y yo visitábamos a nuestro amigo encargado del videoclub y, mientras mi padre barajaba entre el terror, la comedia o la acción, yo hablaba de cine con el gran amante que se escondía tras el mostrador. Nos pasábamos horas hablando de cine. Recuerdo esa época como si fuera ayer.
La nostalgia se apodera de mí cuando estoy ante estas cuatro paredes donde, durante tantos años, las horas pasaban como segundos. Lamentablemente, el paso del tiempo ha convertido mi querido videoclub en una tienda de juguetes artesanos. Sí, los años han pasado, pero la afición por el séptimo arte aún es patente. Mi gusto y criterio han madurado y he conseguido pulir mi intelecto para apreciar un buen largometraje. No obstante, debo admitir que me gusta revolver las estanterías donde guardo centenares de películas de animación y de cualquier género existente. Tanto mis padres como yo mantenemos ese maravilloso recuerdo y nos gusta recordar bellos momentos que permanecerán en nuestras memorias para el resto de nuestras vidas.
Amo el cine y a mis padres.
jueves, 1 de marzo de 2012
En este blog voy a plasmar mis ideas, sensaciones, pensamientos...Aquello que me pase por la cabeza o me llame la atención. Soy un gran amante del cine y del mundo que me rodea. Me considero feliz por tener a una familia increíble y a unos grandes amigos. Soy ambicioso y nunca me rindo ante mis objetivos. Mi sueño era estudiar periodismo y ahora lo estoy cumpliendo. Adoro pasarme horas viendo películas, leyendo archivos sobre ellas y sus historias. Me considero un curioso de todo lo que sucede a mi alrededor y aquello que no me afecta de manera tan directa. Quiero formarme como comunicador y ejercer un periodismo sano y limpio. Soy claro y conciso, no me gusta andarme por las ramas. Soy aventurero y me gusta vivir nuevas experiencias. Me gusta demostrar la fascinación y el amor que siento por mi familia y amigos y adoro conocer gente nueva. En conclusión: me declaro un vividor y soñador, eso sí, siempre con los pies en la tierra.
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