lunes, 12 de marzo de 2012

Después de unos días desde mi primera publicación, hoy me apetece escribir unas líneas hablando de una de las cosas que más me gustan: el cine. Para mí el cine es un puntal muy importante en mi vida. Me saca una sonrisa en momentos duros, consigue mostrarme la realidad a través de películas duras y reveladoras que relatan situaciones que invitan a la reflexión . También despiertan en mí el rechazo y un gran aplauso acompañado de lagrimas de emoción. Desde muy pequeño he vivido con las clásicas películas de Disney y, a escondidas, algunas que iban destinadas a mayores de edad. Mis padres han sido los responsables de mi pasión hacia el cine: los viernes mi madre me recogía en la escuela e íbamos a la biblioteca para escoger una película de dibujos animados. Cuando llegábamos a casa, la veíamos. Ella creo le hacía más feliz ver lo fascinado que me quedaba ante la pantalla que la simple consecución de imágenes de héroes y princesas. Por si fuera poco, cuando salíamos de la biblioteca nos íbamos al videoclub para que mi madre alquilara una película, esta vez lo que llamaban no apta para menores de 18 años, y la veía junto a mi padre después de cenar mientras yo me entretenía con mi hermana o, cuando ella creció y abandonó el nido, jugando. Los sábados era imprescindible otra dosis de buen cine, de manera que, después de un buen desayuno, mi padre y yo visitábamos a nuestro amigo encargado del videoclub y, mientras mi padre barajaba entre el terror, la comedia o la acción, yo hablaba de cine con el gran amante que se escondía tras el mostrador. Nos pasábamos horas hablando de cine. Recuerdo esa época como si fuera ayer. 
La nostalgia se apodera de mí cuando estoy ante estas cuatro paredes donde, durante tantos años, las horas pasaban como segundos. Lamentablemente, el paso del tiempo ha convertido mi querido videoclub en una tienda de juguetes artesanos. Sí, los años han pasado, pero la afición por el séptimo arte aún es patente. Mi gusto y criterio han madurado y he conseguido pulir mi intelecto para apreciar un buen largometraje. No obstante, debo admitir que me gusta revolver las estanterías donde guardo centenares de películas de animación y de cualquier género existente. Tanto mis padres como yo mantenemos ese maravilloso recuerdo y nos gusta recordar bellos momentos que permanecerán en nuestras memorias para el resto de nuestras vidas. 
Amo el cine y a mis padres.

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